En el corazón de Madrid, el 3 de enero, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, de ascendencia cubano-estadounidense, lanzó una advertencia a los líderes de Cuba, sugiriendo que deberían estar “inquietos” tras la reciente captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Durante un evento en Mar-a-Lago, donde se discutieron los pormenores de la operación que llevó a la detención de Maduro, Rubio comentó ante los medios que, si estuviese en el gobierno cubano, sentiría al menos cierta preocupación. Su declaración subraya la inestabilidad política que la región está viviendo en estos momentos.
El funcionario estadounidense no escatimó críticas hacia el liderazgo cubano, describiéndolo como "incompetente" y "senil", sugiriendo que estas características son evidentes en su gestión. Además, hizo hincapié en que gran parte de la seguridad de Maduro y sus servicios de inteligencia están compuestos de personal cubano, lo que, a su juicio, resalta una injerencia de La Habana en los asuntos venezolanos.
Rubio continuó su análisis llamando a la proclamación de independencia de Venezuela respecto a Cuba, argumentando que la influencia cubana representa uno de los obstáculos más significativos que enfrenta el pueblo venezolano. “Cuba ha intentado colonizar a Venezuela desde el ámbito de la seguridad”, aseguró, reafirmando su postura de que los líderes cubanos deberían estar nerviosos ante esta situación.
Por su parte, el presidente Donald Trump, aunque no se adentró tanto en los detalles que Rubio ofreció, hizo referencia a Cuba, calificándola como un “país fallido” y comentando que su administración trabaja para rodearse de “buenos vecinos”. En su discurso, también expresó un deseo de ayudar a los cubanos tanto dentro de la isla como a aquellos que han tenido que emigrar a Estados Unidos.
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