En una escalada de tensiones que parece no tener fin, el viernes pasado, los cielos de Beirut fueron nuevamente surcados por aviones de combate israelíes que bombardearon, por la tarde, diversos barrios del sur de la capital libanesa. Este ataque se produjo casi inmediatamente después de que las autoridades israelíes emitieran órdenes de evacuación en la zona. Hasta el momento, no se han reportado víctimas ni heridos como consecuencia de estos bombardeos.
El Ejército israelí, en un comunicado de prensa, hizo referencia a la naturaleza de sus operaciones, afirmando que múltiples cazas habían llevado a cabo ataques sobre lo que describieron como "objetivos estratégicos" en el área. Estos se centraron, particularmente, en las instalaciones de mando del partido-milicia Hezbollah, con el cual Israel ha mantenido enfrentamientos continuos desde hace más de un año, en el contexto de la ofensiva que se desató en la Franja de Gaza tras los ataques perpetrados por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) y otras facciones palestinas.
Las fuerzas israelíes subrayaron que estos ataques forman parte de una estrategia más amplia destinada a debilitar las capacidades de Hezbollah, aludiendo a presuntos planes de la organización para llevar a cabo ataques contra el país. En su declaración, el Ejército indicó que se estaban atacando "los sitios de fabricación y almacenamiento de armamento por parte de Hezbollah" en los barrios bombardeados, resaltando un enfoque en la supuesta amenaza que representa la milicia para la seguridad israelí.
No obstante, el Ejército israelí también hizo referencia a la ubicación de estos objetivos, asegurando que todos están situados en "el corazón de la vida civil". Esta afirmación fue acompañada de un alegato en contra de Hezbollah, al que acusaron de utilizar a los ciudadanos libaneses como "escudos humanos" en sus operaciones. Al mismo tiempo, las fuerzas israelíes afirmaron que se han tomado medidas para minimizar el número de víctimas civiles durante estas acciones militares.
En otro frente del conflicto, el Ejército israelí reportó haber interceptado una treintena de proyectiles que fueron lanzados desde el territorio libanés hacia las regiones de Haifa y Galilea, en el norte de Israel, en las horas previas. A pesar del éxito en la interceptación de la mayoría de estos misiles, se reconoció que algunos alcanzaron su destino, causando daños en una fábrica ubicada en Nahariya.
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