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"Unicef alerta: 163,000 menores afectados por la dana en sus comunidades"

La organización Unicef ha hecho un llamado urgente a la necesidad de ampliar la cobertura de ayudas económicas y a implementar medidas de alojamiento dirigidas específicamente a la infancia, subrayando la importancia de una respuesta equitativa ante la crisis provocada por la reciente dana en la Comunidad Valenciana.

Más de 163.000 niños y adolescentes se encuentran en situación vulnerable en los municipios valencianos impactados por esta catástrofe, de los cuales 71.000 residen en localidades que han sufrido daños significativos. Esta alarmante cifra revela la magnitud del desafío que enfrentan los más jóvenes tras el desastre natural.

Unicef ha elaborado un informe exhaustivo que se basa en datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) para analizar cómo la riada ha repercutido en la infancia y la adolescencia. Este documento, titulado 'Impacto de la dana en la infancia. Recomendaciones para la respuesta y recuperación con enfoque de derechos de infancia', se centra en establecer un marco que considere los derechos y necesidades específicas de los menores en el proceso de recuperación.

La organización insta a las instituciones y a la sociedad en su conjunto a poner a la infancia en el centro de sus esfuerzos de respuesta y recuperación. Este enfoque es fundamental para garantizar que las necesidades de los niños, niñas y adolescentes no se pierdan de vista en medio de la emergencia.

Unicef enfatiza la necesidad de fortalecer los servicios sociales y los recursos de protección que ya existían antes del desastre. Esto es crucial para evitar la dispersión de recursos y personal hacia otras áreas, asegurando al mismo tiempo que se pueda responder eficazmente a las necesidades de los afectados.

Para ello, es "clave" aumentar de manera rápida los recursos humanos y económicos que estaban disponibles antes de la dana, dado que se prevé un aumento en las demandas de apoyo. Este incremento debe ser parte de una estrategia bien coordinada que garantice la continuidad de los servicios y minimice la rotación del personal, evitando así la revictimización de los menores.

Aunque los datos preliminares revelan que más de 75.000 viviendas han sufrido daños y que muchas infraestructuras han sido destruidas, el impacto en la educación también es severo: cerca de 40.000 niños y jóvenes han visto interrumpida su formación debido al cierre de escuelas, con más de 24.000 siendo reubicados temporalmente en otros centros educativos.

En respuesta a esta crisis educativa, Unicef aboga por la planificación y aseguramiento de servicios en los colegios que acogen a los niños afectados. Se debe garantizar la logística necesaria y los apoyos suficientes para facilitar su regreso a la escuela, haciendo hincapié en la importancia de los servicios de comedor, especialmente para aquellos estudiantes en situación de vulnerabilidad.

Asimismo, la organización recalca la necesidad de contar con recursos humanos y materiales adecuados que faciliten la integración de los niños en las nuevas estructuras educativas, prestando especial atención a su protección a través de profesionales capacitados en el área de la infancia.

Los datos presentados ponen de manifiesto que los niños y adolescentes han sido seriamente afectados por el desastre, señalando que para muchos de ellos este trauma se suma a situaciones previas de vulnerabilidad, como la pobreza o la discapacidad. Esta interseccionalidad de factores de riesgo pone en relieve la urgencia de una respuesta adaptada a las realidades de los menores.

Por ejemplo, informes del Instituto Valenciano de Estadística indican que el 30% de los niños menores de 16 años en la comarca de L'Horta Sud se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social. Este problema se extiende a otras comarcas afectadas, donde las tasas de riesgo son igualmente alarmantes, con porcentajes que superan el 28%.

Para abordar adecuadamente esta crisis, Unicef afirma que es imprescindible aumentar el alcance de las ayudas económicas dirigidas a la infancia, así como establecer medidas de alojamiento temporal con una perspectiva infantil que priorice a las familias más vulnerables, como las monoparentales y las que enfrentan dificultades económicas.

Lamentablemente, tras esta tragedia, hay consecuencias profundas y duraderas que amenazan el desarrollo y el bienestar de los niños afectados. La pérdida de seres queridos, el trauma emocional, el estrés familiar, y la interrupción de su educación son solo algunas de las realidades que deben afrontar, junto con los riesgos relacionados con su salud y protección.

Por lo tanto, Unicef considera vital implementar estrategias a largo plazo que aborden no solo las necesidades inmediatas, sino también las secuelas prolongadas que puede dejar esta situación en los infantes. Sin un enfoque integral, el bienestar emocional de estos niños podría verse comprometido durante años.

Por último, la organización insiste en que no se puede llevar a cabo una recuperación efectiva sin la participación activa de los niños y adolescentes. En este sentido, Unicef solicita que se reestablezcan las estructuras de participación infantil en los municipios lo antes posible y que la información proporcionada por las autoridades se comparta en formatos accesibles y adecuados a cada edad.