Los íberos son un pueblo antiguo que habitó la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos. A pesar de que no existen registros escritos de sus civilizaciones, diversos hallazgos arqueológicos han permitido conocer su legado y su influencia en la cultura española actual.
Una de las principales aportaciones de los íberos es su arquitectura y urbanismo. Estas civilizaciones construyeron ciudades y fortificaciones en lugares estratégicos, sobre todo en zonas montañosas, aprovechando el terreno para crear estructuras defensivas. Ejemplos de ello son la ciudad de Numancia, en Soria, o la fortaleza de la Mola, en Alcoy. Además, los íberos construyeron viviendas y edificios públicos con materiales como la piedra, el adobe o el ladrillo, caracterizados por su solidez y su funcionalidad.
Además de su arquitectura, los íberos también destacaron por su habilidad en la creación de elementos decorativos. La cerámica es uno de los ejemplos más claros de su habilidad artística, con piezas decorativas que representan animales y figuras humanas, así como motivos geometrícos. También se han encontrado esculturas de pequeño tamaño, como las llamadas "damas íberas" que se han convertido en un icono de la cultura ibérica.
La religión y los rituales eran importantes en la cultura íbera, y se han encontrado numerosos restos de lugares de culto en toda la península. Uno de los aspectos más destacados era la importancia del sol y de los astros en sus rituales, que se llevaban a cabo en fechas especiales y en lugares específicos. Los objetos de culto, como los ídolos de bronce, eran comunes en la religión íbera y se han encontrado en diversos yacimientos arqueológicos, como La Bastida de les Alcusses en Valencia.
Aunque la cultura íbera desapareció con la llegada de los romanos, su legado ha perdurado en la cultura española a lo largo de los siglos. La ciudad de Sagunto, por ejemplo, es un claro ejemplo de la influencia íbera y romana, con su famoso teatro romano construido sobre un cerro dominado por una antigua fortificación íbera. Además, la importancia del vino y el aceite de oliva en la dieta mediterránea tiene raíces en la cultura íbera, que ya cultivaba estas plantas y las utilizaba para la producción de alimentos y bebidas.
El legado lingüístico de los íberos también ha perdurado hasta nuestros días. Los topónimos, es decir, los nombres de lugares, en gran parte de la península ibérica tienen raíces íberas, como por ejemplo Alcalá de Henares, Cuenca o Barcelona. Además, se han encontrado inscripciones en alfabetos propios de la cultura íbera que aún no han sido descifradas completamente.
Los íberos han dejado una huella en la cultura española que va más allá de los restos arqueológicos. Su legado en la arquitectura, la cerámica, la religión y la lengua, se ha ido transmitiendo de generación en generación, y ha contribuido a conformar la identidad de un país que tiene una rica historia. Recordar los logros y descubrimientos de los íberos no solo nos permite conocer mejor nuestro pasado, sino que también nos conecta con nuestras raíces y nos ayuda a forjar nuestro futuro.