El panorama de las relaciones comerciales entre China y Canadá se ha vuelto objeto de atención internacional, especialmente luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzara una contundente advertencia a Ottawa. El mandatario estadounidense ha amenazado con imponer aranceles del 100% en caso de que Canadá avance en sus negociaciones económicas con el gigante asiático, un gesto que refleja la creciente tensión diplomática en Norteamérica.
Ante esta situación, las autoridades chinas han salido a defender sus alianzas comerciales, afirmando que estas no buscan afectar a terceros países, sino que están diseñadas para beneficiar a ambos pueblos y promover un entorno de paz y estabilidad global. Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, resaltó que los acuerdos comerciales tienen como objetivo fortalecer la cooperación en lugar de fomentar la confrontación, afirmando que "las relaciones deben basarse en un enfoque donde todos ganen".
Este despliegue de retórica por parte de Pekín se produce en un contexto de incertidumbre. Las crecientes presiones de Trump sobre Canadá subrayan una estrategia más amplia que busca aislar a China en el ámbito económico. Sin embargo, algunos líderes canadienses, como el gobernador del Banco de Canadá, Mark Carney, han comenzado a vislumbrar un futuro más favorable en las relaciones bilaterales con China, hasta el punto de calificar esta relación como “más predecible” que la que mantienen con Estados Unidos, especialmente tras el retorno de Trump al poder.
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