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Cuba enfrenta su mayor crisis desde la Revolución mientras lidia con la presión de Estados Unidos.

Cuba enfrenta su mayor crisis desde la Revolución mientras lidia con la presión de Estados Unidos.

La nación caribeña de Cuba se encuentra sumida en una de sus crisis más severas desde la Revolución de 1959, enfrentando apagones prolongados, escasez de alimentos y combustible, y un sistema de salud que no puede responder a las necesidades de su población. A medida que el régimen de Donald Trump intensifica la presión sobre la isla, los pocos aliados que le quedan parecen no ser suficientes para contrarrestar la tormenta económica que se avecina.

Antes de la intervención militar de EE. UU. en Venezuela, que desestabilizó aún más a Cuba al golpear la economía venezolana, la isla ya lidiaba con un profundo colapso económico y los efectos persistentes de la pandemia de COVID-19. Los expertos advierten que las amenazas de sanciones contra aquellos que ofrezcan petróleo a Cuba han cerrado aún más las puertas, dejando al país en una situación desesperada.

Ernesto Talvi, exministro uruguayo, destaca en su análisis que el comercio entre Cuba y Venezuela ha disminuido drásticamente desde 2014. Esto, junto con el desvanecimiento del suministro de petróleo venezolano, ha golpeado con fuerza a la economía cubana, que depende en gran medida de estas importaciones para su funcionamiento diario.

Las reformas económicas que se implementaron durante el mandato de Raúl Castro no lograron tocar las raíces del problema. Talvi señala que las empresas estatales continúan dominando el sector industrial, sin ofrecer la competitividad necesaria para atraer inversión extranjera o desarrollar alternativas viables a la dependencia de Venezuela. Cuba ha concentrado sus esfuerzos en el turismo, pero el resurgimiento de ese sector se ha visto obstaculizado en gran medida, ya que la llegada de visitantes aún no ha alcanzado los niveles prepandémicos.

El país vivió ya un momento crítico tras el colapso de la Unión Soviética, conocido como el 'Periodo Especial', pero contaba con recursos y una cohesión interna que hoy parecen haber desaparecido. Según Talvi, la situación de Cuba es mucho más complicada en la actualidad, marcando un contraste significativo con las crisis anteriores.

Desde que Miguel Díaz-Canel asumió la presidencia, el régimen ha visto disminuir sus aliados en la región, a excepción de Brasil, Colombia y México, donde los cambios recientes de liderazgo han afectado la dinámica política. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha enviado ayuda humanitaria a la isla, pero no ha logrado equilibrar las presiones del gobierno estadounidense que dificulta un apoyo más sólido.

Tanto Rusia como China, históricamente aliados de Cuba, están limitados por sus propias crisis internas y conflictos externos. La respuesta a las amenazas de Estados Unidos hace que estas naciones se muestren reacias a ofrecer apoyo, dejando a Cuba en una posición delicada sin opciones claras en el panorama internacional.

A pesar del deseo manifiesto de cambio de régimen por parte de la administración estadounidense, expertos como Christopher Sabatini advirtieron que la realidad cubana es compleja. Sin los recursos naturales que tiene Venezuela, la isla no representa un atractivo económico que justifique un cambio de gobierno a corto plazo. Además, el contexto de seguridad no es tan amenazante para EE. UU. como algunos podrían pensar.

Examinar la estructura social cubana revela un sistema fracturado por años de control y represión, donde la oposición carece de una figura unificada capaz de movilizar a las masas como ocurrió en otros contextos. La falta de un liderazgo democrático claro y una sociedad civil fragmentada complica aún más un cambio significativo.

El auge de protestas a gran escala podría ser inminente, como evidencia el estallido social de julio de 2021. Talvi opina que, aunque el gobierno logró acallar esos disturbios mediante represión, la situación actual podría obligarlo a considerar concesiones, incluso si eso no implica abrir la puerta a la democracia.

Morales y Blanco están de acuerdo en que el tiempo se agota para el régimen cubano, que se encuentra en una encrucijada financiera crítica. Las opciones para la sobrevivencia del gobierno son escasas, y los analistas sugieren que un cambio de liderazgo —posiblemente dejando atrás a la dinastía Castro— podría resultar en un camino hacia una transición más favorable para la isla.

A medida que Díaz-Canel manifiesta la disposición de diálogo, las tensiones siguen latentes. La respuesta del régimen a las expectativas ameritadas por Estados Unidos continúa siendo de desafío, lo que complica aún más la posibilidad de un entendimiento. La condición de diálogo sin presiones puede ser una señal de que las diferencias son insalvables, lo que lleva a una atmósfera de incertidumbre en torno al futuro político de Cuba.