La creciente tensión entre Argelia y Malí ha alcanzado un punto crítico, según varios analistas, quienes consideran que aunque un conflicto armado directo es poco probable, la desconfianza entre estas naciones vecinas es un problema que requerirá un enfoque cuidadoso y pacífico para ser solucionado.
En las últimas semanas, la situación se ha deteriorado considerablemente, particularmente tras el incidente en el que el ejército argelino derribó un dron maliense. Este evento ha puesto de manifiesto el distanciamiento creciente entre ambos países, que ya venían enfrentando fricciones por cuestiones de seguridad y política territorial.
Desde la perspectiva de Bamako, la crítica hacia Argelia se centra en su supuesta inacción ante la actividad de grupos yihadistas y separatistas tuareg que aprovechan la frontera común. Por otro lado, Argel teme que las operaciones del ejército maliense, junto a mercenarios, exacerben la violencia cerca de su territorio.
Un experto en temas del Sahel señala que el derribo del dron fue "la gota que colmó el vaso" tras una serie de enfrentamientos verbales y acusaciones. Aunque hay un consenso en que una confrontación militar no es inminente, la perspectiva es que la situación podría incluso empeorar si no se gestiona adecuadamente.
Raouf Farrah, otro especialista en la región, también enfatiza que tanto Argelia como Malí tienen mucho en juego y que una guerra entre ellos no solo sería contraproducente, sino dañina para la estabilidad regional. Argelia defiende una postura de no intervención en los asuntos de sus vecinos, mientras que Malí carece de los recursos necesarios para un ataque a gran escala.
Expertos coinciden en que la reconstrucción de la confianza requerirá paciencia y un esfuerzo concertado para retomar el diálogo. Esto podría incluir un nuevo enfoque de seguridad que considere tanto las preocupaciones de Argelia como las aspiraciones de Malí hacia un mayor control de sus asuntos internos.
Los analistas proponen que Rusia, que mantiene relaciones con ambos países, podría jugar un papel moderador, aunque sus acciones potenciales estarían limitadas. Aún así, Farrah sugiere que este podría animar a Malí a adoptar un tono más conciliador en sus declaraciones.
La escalada de tensiones también podría tener consecuencias graves para la población local, al aumentar el riesgo de desplazamientos forzados y, en última instancia, de una crisis migratoria hacia Europa. La historia reciente muestra que la inestabilidad en la región del Sahel puede tener efectos en cadena, generando un flujo de personas que buscan escapar de la violencia.
El distanciamiento entre Argelia y Malí se hace evidente desde principios de 2024, cuando la junta militar de Malí decidió poner fin al Acuerdo de Argel, firmado en 2015, que buscaba pacificar a los grupos separatistas. Desde entonces, Bamako ha denunciado lo que considera acciones hostiles por parte de Argelia.
La tensión culminó recientemente con el incidente del dron, donde ambas partes ofrecieron versiones contradictorias de los hechos. Mientras Argelia alegaba que el dron constituía una amenaza, Malí afirmó que el aparato se había perdido cerca de la frontera, lejos de cualquier conducta provocativa.
En un contexto de recriminaciones, la Alianza de Estados del Sahel, que incluye a Malí, Burkina Faso y Níger, convocó a sus embajadores en Argel como respuesta a lo que consideraban otra provocación de la parte argelina. La situación se intensificó cuando Argelia llamó también a sus diplomáticos en Bamako y Niamey en un gesto recíproco.
En medio de este clima de hostilidad, el Ministerio de Defensa argelino decidió cerrar su espacio aéreo a aviones maliense, lo que provocó que Malí hiciera lo mismo con aviones de Argelia. Este círculo vicioso de sanciones diplomáticas pone aún más de relieve la urgencia de una mediación efectiva.
Por su parte, el ministro de Exteriores maliense criticó lo que describió como una colusión entre el régimen argelino y grupos terroristas, advirtiendo que estas acciones podrían aumentar la inestabilidad en un Sahel ya golpeado por la violencia. A medida que la situación se tensa, la comunidad internacional observa de cerca el desarrollo de estos acontecimientos y su posible impacto en la región.
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