Los gobiernos de Benín, Togo, Costa de Marfil y Ghana están reforzando la seguridad en sus fronteras septentrionales y tratando de promover el desarrollo para contener la amenaza del yihadismo en la región del Golfo de Guinea, donde se ha detectado la presencia de combatientes y se han producido ataques. El Sahel, por su parte, se ha convertido en el epicentro del terrorismo yihadista a nivel mundial, según Carlos Igualada, director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET). Para Igualada, la región es un importante foco de interés para contener el avance del yihadismo yihadista en África.
El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, la filial de Al Qaeda) y Estado Islámico Sahel (antiguo Estado Islámico en el Gran Sáhara) han avanzado en la zona, lo que ha obligado a algunos países, como Benín y Togo, a adoptar medidas urgentes en materia de contraterrorismo. A pesar de eso, la amenaza sigue siendo alta debido a las debilidades estructurales de estos países, como la juventud de la población, la falta de oportunidades económicas y educativas y las disputas étnicas, entre otras.
Jonathan Guiffard, experto en el Sahel del Institut Montaigne, destaca que la discriminación de los musulmanes y la existencia de tensiones entre las organizaciones musulmanas tradicionales y la población joven receptiva a las expresiones fundamentalistas del salafismo son problemas que los grupos yihadistas pueden aprovechar.
En la zona, los grupos yihadistas también se presentan como un "sistema alternativo de gobierno" para los habitantes que viven de la economía ilegal y el contrabando, aprovechando la falta de oportunidades económicas y la distancia entre la población del norte y el sur de estos países. Al no cobrar impuestos por este tipo de tráfico, los grupos yihadistas se han ganado la confianza de la población. Ante esta situación, los gobiernos de los países costeros han emprendido acciones para evitar que se repita lo que ha ocurrido en los países del norte.
En el caso de Benín, las fuerzas de seguridad han pasado a la ofensiva en los últimos meses y su presidente, Patrice Talon, ha incrementado el gasto militar y ha pedido ayuda a Ruanda. Togo ha sufrido varios ataques y el presidente Faure Gnassingbé ha declarado el estado de emergencia en el norte y ha lanzado un programa de desarrollo para la región de Sabana. Costa de Marfil ha reforzado la seguridad pero también ha impulsado proyectos de desarrollo y ha tratado de generar oportunidades para los jóvenes. En Ghana, el gobierno ha desplegado 1.000 efectivos de las fuerzas especiales en la frontera con Burkina Faso y ha implementado un programa económico especial para el norte.
Los expertos destacan la importancia de fortalecer la cohesión social y destinar fondos para la educación, el empleo y el desarrollo de infraestructuras públicas con el fin de inmunizar a la población contra las tentaciones de unirse al movimiento yihadista. Jonathan Guiffard advierte que es "imperativo no subestimar al adversario".
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