FAO advierte sobre las repercusiones del conflicto en el Golfo para la agricultura y la seguridad alimentaria.
En un contexto de creciente tensión en el Golfo Pérsico, el economista jefe de la FAO, Máximo Torero Cullen, ha alertado sobre las consecuencias devastadoras que este conflicto está generando en la producción agrícola y la seguridad alimentaria a nivel global. El impacto no solo afecta a los agricultores locales, sino que también repercute en los trabajadores migrantes, quienes se encuentran en una situación vulnerable ante esta crisis.
Durante una reciente conferencia de prensa, Torero subrayó que la intensificación del conflicto ha causado interrupciones rápidas y severas en el flujo de productos básicos, lo que representa un grave riesgo para la seguridad alimentaria mundial. Subrayó la urgencia de alcanzar una solución a esta problemática "lo antes posible" para mitigar sus efectos.
Uno de los elementos críticos en esta situación es el bloqueo del estrecho de Ormuz, un punto clave que representa el paso diario del 35% de las exportaciones de petróleo, el 30% de fertilizantes y el 20% del gas licuado a nivel global. Torero enfatizó que los agricultores están enfrentando un "doble golpe": el aumento drástico de los precios de los fertilizantes y del combustible, recursos esenciales para mantener la producción agrícola.
Un análisis de la consultora Roland Berger sugiere que el cierre de este estratégico pasaje podría llevar a un aumento de hasta el 200% en los precios de los fertilizantes, lo que acentuaría aún más la crisis agrícola. La situación es particularmente alarmante en Irán, donde se prevé un aumento significativo de los precios de los alimentos, complicando aún más la seguridad alimentaria en la región.
Además, países como Qatar y Emiratos Árabes Unidos, grandes exportadores de alimentos, se enfrentarán a serias dificultades debido a la falta de transportes que atiendan su zona. Por si fuera poco, el flujo de remesas de millones de trabajadores migrantes provenientes del sur de Asia y el este de África en el Golfo también podría verse afectado, llevando a un further deterioro de la situación económica.
Torero se mostró optimista al afirmar que si se logra una solución en el corto plazo, los mercados podrían comenzar a estabilizarse en un plazo de tres meses. Sin embargo, advirtió que un bloqueo prolongado impactaría negativamente en la producción agrícola global y las cosechas futuras, lo que podría tener repercusiones en todo el sistema alimentario mundial.
El experto también mencionó la posibilidad de que el incremento en los precios del petróleo, por encima de los 100 dólares por barril, genere una competencia en el sector de los biocombustibles, beneficiando a los agricultores, pero perjudicando a los consumidores debido al aumento de precios.
De manera urgente, Torero ha señalado a Sri Lanka y Bangladesh como países prioritarios, ya que están en plena cosecha de arroz. Además, resaltó la vulnerabilidad de muchos países africanos que dependen en gran medida de la importación de fertilizantes, lo que los hace aún más susceptibles a la crisis global.
Para abordar esta crisis, ha sugerido que se busquen rutas de transporte alternativas y se proporcione "ayuda de emergencia" a los países que dependen de importaciones antes de las siembras. A medio y largo plazo, la FAO recomienda diversificar las fuentes de importación de fertilizantes y reforzar el intercambio regional de reservas para evitar restricciones que agraven la situación.
En conclusión, Torero destacó la necesidad de tratar los sistemas alimentarios con la misma prioridad estratégica que los sectores de energía y transporte, instando a una inversión significativa para fortalecer la resiliencia frente a futuras crisis alimentarias.