En Madrid, el 19 de julio, el líder del grupo libanés Hezbolá, Naim Qassem, hizo declaraciones que reafirman su compromiso con la lucha armada, indicando que no tienen intención de renunciar a su arsenal. Según él, las armas representan solo un aspecto de su fortaleza, que se fundamenta en la fe y la determinación. Durante sus comentarios, Qassem enfatizó que el grupo está listo para enfrentar a las fuerzas israelíes y dispuesto a realizar los sacrificios necesarios para mantener la "resistencia".
Qassem defendió la importancia de la resistencia armada, argumentando que ha sido crucial para frenar la expansión israelí en la región y ha contribuido a proteger a Líbano, impidiendo que durante 17 años el ejército israelí llevara a cabo actos agresivos. Afirmó que estas armas no solo han encarnado una defensa, sino que también han simbolizado una lucha por la liberación frente a la ocupación.
El representante de Hezbolá dejó claro que, en su opinión, ni él ni su grupo están dispuestos a desarmarse. Reiteró su determinación al afirmar que no cederán su fuerza ni su fe, y subrayó que están preparados para la confrontación, independientemente de los sacrificios que pudieran surgir.
Qassem también abordó el costo de la resistencia, señalando que, aunque el conflicto puede traer pérdidas significativas, el movimiento no quedará desprovisto de recursos para continuar la lucha. Explicó que es esencial mantener una colaboración sólida entre el Estado y la resistencia, así como con todas las facciones políticas de Líbano, para enfrentar las amenazas que el país confronta.
En un análisis más amplio, Qassem observó que Líbano no solo enfrenta la amenaza israelí, sino que también debe lidiar con el ascenso del ISIS en sus fronteras orientales y la presión de la intervención estadounidense, que busca influir en la soberanía del país y socavar su capacidad para tomar decisiones autónomas.
Estas declaraciones se produjeron en un momento tenso, tras una serie de bombardeos realizados por el Ejército israelí en el valle de Becá, que resultaron en la muerte de al menos doce personas, un hecho que Israel justificó señalando que se trataba de ataques a "objetivos terroristas" de Hezbolá.
Este ataque marcó uno de los episodios más mortales desde que se instauró un alto el fuego el 27 de noviembre de 2024, generando un fuerte rechazo tanto en Beirut como en las filas de Hezbolá, así como críticas internacionales, incluso por parte de las Naciones Unidas, acerca de su impacto en la estabilidad de la región.
El acuerdo de alto el fuego, que se alcanzó tras intensos combates originados por los ataques del 7 de octubre de 2023, exigía que tanto las fuerzas israelíes como las de Hezbolá se retiraran del sur de Líbano. Sin embargo, el Ejército israelí ha mantenido varios puestos en la frontera, lo que ha suscitado una respuesta vehemente de las autoridades libanesas y del propio Hezbolá, quienes reclaman el cese inmediato de dicha presencia militar.
Categoría:
Newsletter
Entérate de las últimas noticias cómodamente desde tu mail.