Japón potencia su defensa al activar misiles de largo alcance para mejorar su capacidad de respuesta.
El 31 de marzo en Madrid, el ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi, anunció el lanzamiento de un nuevo capítulo en la defensa del país al comenzar el despliegue de su sistema de misiles antibuques de largo alcance. Esta medida se considera un paso crucial para evaluar la capacidad de Japón de responder adecuadamente ante situaciones de amenaza.
Koizumi enfatizó en una conferencia de prensa que esta iniciativa busca reforzar tanto las capacidades de disuasión como de respuesta del país, subrayando que el entorno de seguridad en la región es más complejo y desafiante que en cualquier otro momento desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Los misiles en cuestión son del modelo Tipo 25, que ha sido modernizado a partir del Tipo 12, y cuentan con un impresionante alcance de cerca de 1.000 kilómetros. Estos han comenzado a ser desplegados en la base militar de Kengun, ubicada en la ciudad de Kumamoto, marcando un hito en la política de defensa japonesa.
Adicionalmente, Koizumi informó que Tokio planea adquirir misiles de largo alcance extra para potenciar aún más su arsenal. Entre los planes se destaca la incorporación de misiles de crucero 'Tomahawk', de origen estadounidense, que poseen un alcance de 1.600 kilómetros, según revelaciones de la agencia de noticias NHK.
El Ministerio de Defensa japonés también destacó la relevancia de la inteligencia militar de Estados Unidos para detectar objetivos remotos. Esta colaboración es vista como un elemento clave para garantizar la seguridad nacional de Japón, alineándose con su Estrategia de Seguridad Nacional, que fue aprobada en 2022.
Este despliegue de misiles de largo alcance no solo abre la puerta a nuevas capacidades de contraataque, sino que también representa un cambio radical en la política de defensa del país, un movimiento que ya ha suscitado reacciones adversas de naciones como Rusia.
La portavoz del Ministerio de Exteriores de Rusia, Maria Zajarova, expresó su preocupación, sugiriendo que este movimiento podría obligar a Moscú a implementar medidas que aseguren su propia defensa frente a la escalada militar en la región.