Multitudinaria manifestación en San Sebastián exige el cese del genocidio y muestra solidaridad con Palestina, respaldada por la industria cinematográfica.
En el contexto del 73 Festival Internacional de Cine de San Sebastián, miles de manifestantes han alzado su voz, convocados por la comunidad palestina en Euskal Herria y figuras del cine, para pedir el cese inmediato de la violencia que sufre Gaza y expresar su solidaridad con el pueblo palestino. Esta movilización se ha desarrollado con gran afluencia de personalidades, incluyendo al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y destacados cineastas como Julio Médem e Isaki Lacuesta.
La manifestación, que comenzó poco después de las seis y media de la tarde en el emblemático teatro Victoria Eugenia, se produjo justo antes de la proyección de la película 'La voz de Hind Rajab'. Durante el evento, el teatro acogió a los actores Motaz Malhees y Saja Kilani, así como a otros dignatarios, creando una atmósfera de reflexión y compromiso en torno a la situación en Palestina.
Los participantes marcharon al frente de una imponente bandera palestina y una pancarta que proclamaba "Genocidio Stop. El cine con Palestina" tanto en euskera como en inglés. Con banderas palestinas ondeando y letras formando el mensaje 'Stop Gaza', recorrieron el trayecto desde el puente del Kursaal hasta el Boulevard donostiarra, deteniéndose frente al palacio de Congresos del festival cinematográfico.
A lo largo de la marcha, se hicieron visibles rostros conocidos del cine español, como Jon Olivares, Itziar Atienza y Nerea Barros, así como políticos de diversas formaciones que apoyaron la causa. La presencia de artistas y figuras políticas evidenció la unión de la cultura y la política en pro de la defensa de los derechos humanos.
Entre los activistas palestinos presentes, también se podían encontrar miembros del grupo musical Sol Band, refugiados en el País Vasco, así como niños que han sufrido el conflicto en Gaza y ahora encuentran refugio en Gipuzkoa. La diversidad de voces en la manifestación subrayó la urgencia de la situación humanitaria en la región.
La movilización culminó en el Boulevard, donde se llevó a cabo un acto que enfatizó que lo ocurrido en Palestina no es meramente un conflicto, sino un desafío humanitario a nivel global. Las intervenciones resaltaron la continua violación de los derechos fundamentales de los palestinos y la necesidad urgente de un cambio en la percepción y respuesta de la comunidad internacional.
Se escucharon fuertes reclamos contra la inacción global, con críticas a aquellos gobiernos que prefieren mirar hacia otro lado. "El silencio no es neutralidad, es complicidad", insistieron los oradores, enfatizando que se necesita una respuesta contundente en lugar de palabras vacías.
Mohammed Farahjallah, miembro de la comunidad palestina, recordó a los asistentes que cada voz cuenta y cada gesto es un rayo de esperanza. Su llamado a la acción se hizo eco entre los manifestantes, instándolos a no desistir en la lucha por justicia y dignidad.
La lucha por los derechos palestinos fue definida como un imperativo moral, con un énfasis claro en la necesidad de un boicot a la ocupación. Farahjallah cerró su intervención con un mensaje claro: "La historia no olvidará aquellos que oprimen, y nosotros seguiremos avanzando hacia una Palestina libre".
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