Rusia aboga por limitar el conflicto en Oriente Próximo y niega ataques israelíes a su flota en el mar Caspio.
El 24 de marzo en Madrid, los líderes del gobierno ruso han instado a moderar las tensiones en Oriente Próximo, advirtiendo sobre la posibilidad de que el conflicto se extienda hacia el mar Caspio. Estas declaraciones se producen en un contexto de creciente incertidumbre tras las informaciones sobre un potencial ataque del Ejército israelí a embarcaciones rusas que, según se sugiere, estarían transportando armamento hacia Irán en medio de la escalada de hostilidades impuesta por Estados Unidos e Israel desde finales de febrero.
Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, enfatizó que cualquier expansión del conflicto a la región del Caspio sería percibida de manera sumamente negativa por parte de Moscú. Esta advertencia llega justo una semana después de que Israel confirmara ataques dirigidos contra barcos iraníes en aguas del mar Caspio.
“La situación en el Caspio es de gran importancia para nosotros y cualquier desestabilización sería extremadamente preocupante”, expresó Peskov durante una conferencia de prensa, reflejando así la inquietud compartida por Teherán, que también teme una profundización del conflicto en este estratégico litoral.
Anotando una falta de información clara sobre presuntos ataques a embarcaciones rusas, Peskov afirmó que no habían recibido detalles al respecto y reafirmó que no generan temor por la posibilidad de que buques rusos hayan sido blancos de hostilidades.
Por otro lado, la portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Maria Zajarova, había manifestado anteriormente que la situación en el mar Caspio es motivo de “gran preocupación” para Rusia, especialmente en lo que respecta al puerto iraní de Bandar Anzali, un punto crucial en la región.
Mientras tanto, la situación humanitaria en la zona sigue deteriorándose. Las autoridades iraníes han reportado más de 1.500 muertos a consecuencia de los ataques provenientes de Israel y Estados Unidos. No obstante, la organización Human Rights Activists in Iran, con sede en Estados Unidos, ha elevado esta cifra a más de 3.000, destacando que un gran porcentaje de las víctimas son civiles atrapados en el conflicto.