En un giro inesperado de los acontecimientos políticos, las autoridades rusas han desmentido cualquier tipo de intervención en las elecciones presidenciales de Rumanía, donde el ultraderechista Calin Georgescu, conocido por su cercanía a Moscú, ha logrado una victoria sorpresiva. Este hecho ha atraído la atención internacional y ha suscitado cuestionamientos sobre la naturaleza de las influencias externas en los procesos democráticos.
Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, ha reafirmado la postura de Rusia de no interferir en asuntos electorales ajenos, argumentando que la nación es capaz de respetar la soberanía de otros países. Según Peskov, los resultados en Rumanía son completamente independientes de las políticas de Moscú, y ha calificado de "infundadas" las acusaciones que insinuan lo contrario, ilustrando una narrativa que los funcionarios rusos han adoptado frente a las críticas internacionales.
El panorama electoral en Rumanía ha dejado en el camino al actual primer ministro, el socialdemócrata Marcel Ciolacu, quien quedó a solo 2.000 votos de pasar a la segunda vuelta, frente a la significativa participación de Georgescu, que logró acaparar el 22,9% de los votos. Esta situación ha alimentado una feroz competencia entre los candidatos, provocando que otros aspirantes también busquen arrojar luz sobre presuntas irregularidades en la votación, con la figura de Elena Lasconi, que recibió el 19,1% de los respaldos, destacándose como un papel importante en la contienda.
En un contexto de descontento e incertidumbre, Sebastian Constantin Popescu, del Partido Nueva Rumanía, y Cristian Terhes, del Partido Conservador Nacional Rumano, han decidido movilizarse juridicamente, llevando sus inquietudes hasta el Tribunal Constitucional. Según ellos, hay motivos suficientes para poner en duda la transparencia del proceso electoral y han solicitado un recuento de los votos, que ha sido aceptado por la corte.
Este recuento involucra a un total de 9,4 millones de votos emitidos durante la primera vuelta, una decisión que indica el deseo de algunos sectores de validar y garantizar la integridad del proceso. En este sentido, Popescu ha levantado sospechas en torno a la financiación de la campaña de Georgescu, quien ha logrado captar la atención de la juventud a través de plataformas sociales como TikTok, utilizando un enfoque de gastos mínimos. Este modelo de campaña ha sido objeto de críticas y ha reavivado el debate sobre la influencia de las redes sociales en la política contemporánea.
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