Madrid, 28 de diciembre. En una trágica serie de eventos en el estado de Zamfara, al norte de Nigeria, la violencia ha dejado un saldo lamentable de al menos siete víctimas fatales tras la explosión de un artefacto explosivo el pasado sábado. Este incidente se enmarca dentro de un contexto de enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y grupos criminales conocidos por su implicación en actividades de secuestro y extorsión.
Según reportes del diario nigeriano Premium Times, el ataque se produce como una represalia por parte de estos grupos armados, que intensifican sus acciones luego de un tiroteo ocurrido en un mercadillo de la localidad de Magami. Esta situación refleja la creciente inseguridad que asola la región y la continua lucha entre las autoridades y estas bandas delictivas.
Del total de víctimas, se ha confirmado que cinco personas murieron de manera instantánea, mientras que dos más perdieron la vida a consecuencia de sus heridas tras la explosión, la cual se registró en la frecuentada ruta Gusau-Dansadau-Magami, un camino que se ha convertido en una zona de alto riesgo debido a la actividad de estas organizaciones criminales.
Nuhu Babangida, representante de la Asociación Internacional de Derechos Humanos, Control del Crimen y Resolución de Conflictos, ha señalado que el enfrentamiento se desató cuando miembros de las fuerzas militares y vigilantes locales comenzaron a disparar tras constatar que los bandidos habían infringido un acuerdo de paz previamente establecido.
La explosión impactó también a una larga caravana de más de 5.000 personas, que regresaban de realizar sus compras en el mercadillo, lo que hace que la tragedia sea aún más devastadora, evidenciando la inseguridad reinante que afecta tanto a la población local como a quienes transitan por la región.
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