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El yihadismo se expande en África: áreas del tamaño de España escapan al control gubernamental.

El yihadismo se expande en África: áreas del tamaño de España escapan al control gubernamental.

La región del Sahel se ha convertido en el epicentro de la actividad terrorista en África, con el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) como uno de los mayores retos a combatir. Este fenómeno ha crecido en los últimos años, en parte gracias a la expansión de las redes yihadistas, que han encontrado un terreno fértil en la debilidad de los gobiernos locales.

De acuerdo con el Africa Center for Strategic Studies (ACSS), una institución que colabora con el Pentágono, se estima que hacia finales de 2024, cerca de 950.000 kilómetros cuadrados de territorio en África estarán bajo un control gubernamental prácticamente nulo, una extensión comparable a Tanzania y casi el doble del tamaño de España. En Burkina Faso, la situación es alarmante, ya que se estima que la junta militar solo logra ejercer control sobre un 40% del país.

Aunque los grupos yihadistas no buscan necesariamente la dominación territorial, hay señales que indican que algunos de ellos están optando por posicionarse como alternativas a los gobiernos establecidos, asumiendo funciones que tradicionalmente corresponden a los estados.

El JNIM, que tiene su base en el Sahel con operaciones destacadas en Malí y Burkina Faso, se ha erigido como el actor más influyente en la dinámica yihadista del continente, bajo el liderazgo de Iyad ag Ghali. Un informe del ACSS revela que en 2024, de los 10.685 muertos relacionados con actividades terroristas en el Sahel, el 83% se atribuía a este grupo.

Un informe de la ONU, emitido a finales de julio, señala el considerable avance de JNIM en los últimos seis meses, destacando su capacidad para ejecutar ataques complejos utilizando drones y explosivos improvisados. Este desarrollo pone en riesgo incluso la seguridad de las capitales de Malí, Burkina Faso y Níger.

El mismo informe indica que JNIM está reajustando su enfoque hacia un "atrincheramiento político", buscando establecer una gobernanza rudimentaria y ganarse la simpatía de la población local, sumándose así al continuo descontento hacia las juntas militares que actualmente dominan la región.

Para lograr esto, JNIM ha establecido alianzas locales, garantizando su cooperación a veces bajo presiones coercitivas. La agrupación no solo se nutre del descontento social, sino que también se beneficia de las arcas estatales a través de ataques a las fuerzas de seguridad, aumentando así su arsenal.

El objetivo declarado del JNIM es instaurar un emirato que desafíe la legitimidad de los regímenes militares actuales, obligándolos a ceder parte de su autoridad e implementar la sharia en los países de Malí, Burkina Faso y Níger.

A medida que su retórica se vuelve más política y directa, han redoblado sus esfuerzos contra las fuerzas de seguridad del estado, así como contra mercenarios rusos en Malí y las milicias en Burkina Faso que apoyan a estas fuerzas, considerándolos sus principales oponentes.

Al mismo tiempo, JNIM está al tanto de la situación en Siria, donde el grupo yihadista Hayat Tahrir al Sham ha tomado el control de regiones clave y cuyo éxito podría servir como un modelo a seguir, en caso de que JNIM busque desprenderse completamente de la influencia de Al Qaeda.

Por otro lado, el Estado Islámico Sahel, aunque más reducido, ha revivido sus actividades, especialmente en la frontera entre Níger y Nigeria, buscando establecerse firmemente en la región. Este grupo, menos capacitado que JNIM, tiene el potencial de mejorar sus habilidades operativas, según el mismo informe de la ONU.

Además, el Estado islámico de África Occidental ha evidenciado un crecimiento en su actividad, logrando avances territoriales en la región de Borno, lo que podría suponer una mayor amenaza en términos de seguridad.

Más allá del Sahel, Somalia aparece como otro punto clave de violencia yihadista. La lucha del gobierno contra Al Shabaab se ha intensificado, con el grupo mostrando un aumento en su actividad y lanzando ofensivas significativas en el país.

Se estima que el número de combatientes de Al Shabaab ha crecido entre 10.000 y 18.000, con un robusto sistema financiero que se sostiene principalmente de la extorsión. Sus ingresos anuales podrían superar los 200 millones de dólares, una cifra alarmante.

Mientras tanto, la facción del Estado Islámico en Somalia está compuesta en gran parte por milicianos extranjeros de la región, lo que complica aún más la dinámica violenta en el país. Sus operaciones continúan concentrándose en Puntlandia a pesar de los esfuerzos de los Estados Unidos por desmantelar sus estructuras de liderazgo.

Por último, en la República Democrática del Congo, el Estado Islámico en África Central sigue resistiendo a los asaltos del ejército congoleño, estableciendo vínculos con el grupo rebelde M23. Esta situación resalta la complejidad del panorama de seguridad en África, donde múltiples grupos yihadistas operan en condiciones adversas y ante la mirada atenta de la comunidad internacional.