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Un año del alto el fuego en Líbano, mientras aumentan los ataques israelíes.

Un año del alto el fuego en Líbano, mientras aumentan los ataques israelíes.

MADRID, 26 de noviembre de 2024.

Hoy se conmemora el primer aniversario del alto el fuego establecido entre Israel y Líbano, un acuerdo que se firmó tras un largo y doloroso conflicto de trece meses entre el Ejército israelí y Hezbolá. Este alto el fuego fue el resultado de las tensiones que estallaron el 7 de octubre de 2023, y, aunque ha traído una pausa en las hostilidades, las recientes acciones militares israelíes evidencian que la paz sigue siendo frágil.

El acuerdo, que formalmente entró en vigor el 27 de noviembre de 2023, fue el resultado de negociaciones mediadas por cinco países, incluyendo Estados Unidos. Este pacto se buscó poner fin a una escalada de violencia que se inició cuando Hezbolá lanzó cohetes hacia Israel en respuesta a los ataques perpetrados por el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás) un día antes, resultando en miles de víctimas y múltiples capturas.

Una de las principales condiciones del acuerdo fue el cese inmediato de las hostilidades durante al menos 60 días, que permitiría la retirada de las tropas israelíes de zonas que habían ocupado durante el combate. Sin embargo, este proceso ha sido lento, con las fuerzas israelíes aún presentes en varias áreas del territorio libanés, mientras que Hezbolá se comprometió a replegarse al norte del río Litani, en cumplimiento de las resoluciones de la ONU.

El cumplimiento del acuerdo ha sido un desafío, con un comité de cinco naciones responsable de supervisar su implementación. Mientras tanto, las fuerzas israelíes han seguido llevando a cabo operativos, argumentando que están atacando a Hezbolá y que sus acciones no constituyen una violación del alto el fuego, a pesar de las protestas desde Beirut y la comunidad internacional.

Las tensiones han aumentado a medida que Israel afirma que sus ataques buscan prevenir la restauración de las capacidades militares de Hezbolá, que resultaron severamente afectadas durante el conflicto. Sin embargo, esta justificación ha sido cuestionada, especialmente después de que se reportaran muertes civiles en bombardeos recientes, incluido un ataque devastador contra un campamento de refugiados palestinos que dejó al menos trece muertos, incluyendo niños.

Recientes incidentes, como el bombardeo en Beirut que resultó en la muerte de miembros de Hezbolá, han intensificado los temores sobre la estabilidad del alto el fuego. Hezbolá ha advertido sobre la necesidad de que el gobierno libanés se centre en responder a la amenaza israelí, en lugar de presionar por el desarme del grupo, una exigencia que proviene de Estados Unidos e Israel.

Durante un funeral en Beirut, un líder de Hezbolá enfatizó que las acciones de defensa del grupo no se verán afectadas por estas agresiones, reafirmando su compromiso de continuar operando. Para ellos, la raíz del problema en Líbano no radica en su arsenal, sino en lo que denominan "agresión sionista".

El contexto actual ha llevado al primer ministro libanés a manifestar su preocupación por un resurgimiento del conflicto, señalando que el país está en una situación delicada, posiblemente ante una guerra de desgaste. Ha pedido a la comunidad internacional que actúe con urgencia para asegurar la efectividad del alto el fuego y la retirada de las tropas israelíes.

Mientras tanto, miles de desplazados en Líbano continúan sin poder regresar a sus hogares a causa de la destrucción causada por los ataques israelíes. La reconstrucción de la infraestructura civil se ha visto gravemente afectada, y los esfuerzos para reintegrar a los desplazados han sido severamente socavados.

Además, organizaciones humanitarias como Acción Contra el Hambre han advertido que el acceso a la tierra agrícola se ha visto limitado debido a la inseguridad y la contaminación provocada por los ataques israelíes, lo que plantea serios riesgos para la seguridad alimentaria en una de las regiones agrícola más productivas de Líbano.

El impacto de estos ataques no solo ha debilitado a las comunidades locales, sino que también ha repercutido en la economía del país, comprometiendo el sector agrícola de manera que las consecuencias se sentirán durante años, incluso si se logra mantener el alto el fuego. La necesidad de una solución sostenible y duradera es más apremiante que nunca.