24h España.

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El crecimiento de productividad en España se destaca con un 1,4% anual post-pandemia, mientras la UE se estanca.

El crecimiento de productividad en España se destaca con un 1,4% anual post-pandemia, mientras la UE se estanca.

En una reciente publicación, el 'Observatorio de Productividad y Competitividad en España', elaborado por la Fundación BBVA junto con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), se destacan importantes avances en la productividad total de los factores (PTF) en España. Desde 2020, este indicador ha crecido un 1,4% anual, una cifra que contrasta notablemente con la stagnación observada en la Unión Europea, donde varios países, incluidos Alemania y Francia, han registrado caídas en su productividad.

Este crecimiento en la productividad ha tenido un impacto positivo en el Producto Interior Bruto (PIB) español, consolidando una trayectoria que se aleja del bajo dinamismo que han enfrentado otras economías europeas. Según el informe, el PIB per cápita en España ha sido, desde la pandemia, el segundo que más ha crecido en el ámbito europeo, con un aumento del 3,78% anual, sólo superado por Italia y muy por encima de la media de la UE-27.

Las razones detrás de este fenómeno se atribuyen, en gran medida, a un notable incremento en la creación de empleo, que ha visto un aumento del 11,7% desde 2020, lo que equivale a 2,4 millones de nuevos empleos. Además, la eficiencia productiva ha continuado su senda de mejora, según los expertos del estudio.

En datos más concretos, se destaca que la PTF de España creció cerca del 2% en 2024, mientras que la media europea experimentó una reducción del 0,7%. Estos números resaltan la tendencia positiva que España ha mantenido desde 2020, con el crecimiento más notable en productividad desde 1995, en contraste con la Eurozona, que se encuentra estancada en este ámbito.

No obstante, los autores del informe han expresado su preocupación por la necesidad de mantener estos avances a largo plazo para compensar los retrocesos vividos durante los años 90 y la Gran Recesión, cuando la inversión en activos inmobiliarios no vinculados a la productividad estuvo en su apogeo.

En la etapa posterior a la pandemia, aunque el esfuerzo de inversión se estancó en torno al 20% del PIB, la mejora en la utilización de los capitales acumulados y el impulso hacia activos más productivos, especialmente intangibles como software e I+D, han compensado dicha desaceleración. En las últimas cuatro años, casi todos los sectores han mostrado mejoras significativas en la eficiencia, pero las cifras positivas son más prominentes en los sectores de mercado que en aquellos no mercantiles, como la educación y la salud.

Las empresas con perfil exportador también han demostrado ser un motor de productividad, gracias a su especialización en tecnologías avanzadas. Sin embargo, el informe señala una desaceleración en las exportaciones españolas a partir de 2022, especialmente en el sector automotriz, un aspecto que podría afectar la tendencia general si no se controla adecuadamente.

Analizando el panorama regional, el informe refleja una recuperación generalizada de la productividad en las comunidades autónomas, a excepción de Extremadura, que ha visto un estancamiento en su eficiencia. Por otro lado, zonas como Baleares y Canarias han transformado su situación, pasando de ser las de menor productividad a liderar las mejoras recientes.

A pesar de que las cifras de productividad muestran un avance hacia la convergencia con la media de la UE-27, el informe subraya que España aún está un 18% por debajo en PIB per cápita. Esta discrepancia resalta un desafío persistente, a pesar de los avances en la eficiencia productiva.

Sin embargo, los autores advierten que estos logros pueden verse amenazados por la falta de dinamismo en el tejido empresarial, ya que la tasa de creación neta de empresas ha sido negativa desde 2008, indicando una falta de nuevas iniciativas en el mercado. En 2022, la creación neta de empresas con dos o más trabajadores se situó en -2,9%, cifra significativamente baja comparada con otros países europeos.

Este decrecimiento en la tasa de creación de empresas afecta principalmente a las micro y pequeñas empresas y, por ende, es crucial fomentar el emprendimiento y mejorar las habilidades de la fuerza laboral para solidificar los avances en productividad obtenidos. Con un énfasis en la Inteligencia Artificial, el estudio sugiere que este tipo de tecnologías podría impulsar aún más la productividad, siempre que se acompañen de inversiones adecuadas en formación y desarrollo de competencias.