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Rubio se lava las manos: Bolsonaro entra en EE.UU. con permiso de Trump

Rubio niega que EE.UU. facilitara la fuga de Bolsonaro, pero hay pruebas de apoyo. Qué implica para la justicia y la democracia.

Redacción · 24h España 3 min de lectura

Estados Unidos acoge a Flávio Bolsonaro con un permiso de un año, y el secretario de Estado, Marco Rubio, asegura que su Gobierno no tuvo nada que ver. La versión oficial dice que fue una decisión personal de Donald Trump. Pero las informaciones publicadas este sábado cuentan otra historia bastante más enrevesada.

Según el relato de Rubio, el Gobierno norteamericano no participó "directamente" en la salida del excandidato brasileño de su país ni en su llegada a Estados Unidos. Su argumento es sencillo: Bolsonaro ya tenía un visado concedido y el presidente decidió dejarle entrar. Nada más. Para quien no siga la política internacional, esto suena a trámite administrativo. Lo cierto es que no lo es, porque la diferencia entre "permitir" y "facilitar" es precisamente lo que está en discusión.

Los hechos son estos: Bolsonaro y su familia llegaron a Estados Unidos el 28 de octubre, tres días después de perder la segunda vuelta frente a Luiz Inácio Lula da Silva. Lo hicieron con un permiso de "Discretionary Parole", una autorización provisional del Departamento de Seguridad Interior que se concede caso por caso. Es decir, no es un visado ordinario, sino una figura pensada para situaciones excepcionales.

El problema aparece cuando se junta todo lo demás. CNN Brasil informa de que el político huyó del país cruzando la frontera con Argentina el 27 de octubre, en una operación en la que habría participado un antiguo agente del Mossad israelí y con apoyo de los gobiernos argentino y estadounidense. Después, un avión privado habría llevado a la familia hasta Miami, un vuelo supuestamente gestionado por Jason Miller, asesor de Trump. Si esto se confirma, la frase "no hemos estado implicados" queda bastante más coja.

¿Y por qué debería importarte a ti, que vives en España y no sigues las elecciones brasileñas? Porque cuando un líder político se salta el proceso judicial de su país con ayuda de otras potencias, se rompe una regla básica: que los cargos públicos responden ante la justicia, no ante sus amigos. Esa misma lógica puede aplicarse a cualquier democracia, también a la tuya.

Ahora mismo hay varias cosas que pueden pasar. Brasil puede reclamar explicaciones formales a Washington y Buenos Aires, y la justicia brasileña puede seguir investigando al expresidente y a su entorno. Estados Unidos, por su parte, tendrá que aclarar qué papel jugó realmente. Lo que sí es seguro es que el caso seguirá creciendo mientras haya dudas sobre quién hizo qué.

Qué puedes hacer tú: no te quedes solo con el titular. Contrasta la información con medios de distintos países, fíjate en qué es hecho confirmado y qué es versión de una parte, y desconfía de las frases tranquilizadoras que empiezan por "no hemos estado implicados". En política internacional, lo que no se dice suele pesar tanto como lo que sí.

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