Trump pide parar los ataques a refinerías y Kiev hace caso omiso: el diésel en juego
Rusia acusa a Zelenski de ignorar a Trump y seguir atacando refinerías. El acuerdo sobre diésel puede acabar encareciendo transporte y cesta de la compra.
Rusia acusa a Zelenski de seguir atacando refinerías de petróleo pese a la petición directa de Trump. Y lo hace justo cuando Washington y Moscú cierran un acuerdo que alivia las sanciones sobre el diésel. Algo que, de una forma u otra, acaba llegando a tu depósito y a tu bolsillo.
Las autoridades rusas denunciaron este viernes que Kiev no ha frenado su campaña contra las instalaciones energéticas del país. El asesor de política exterior de Putin, Yuri Ushakov, lo resumió sin rodeos: los ucranianos "simplemente le están ignorando" a Trump. Según Moscú, el último golpe fue un ataque con drones contra la refinería de Novokuibishevsk, en la región de Samara, propiedad de Rosneft, la mayor petrolera rusa. Las defensas aéreas repelieron parte de los proyectiles. También se informó de un ataque a una empresa de conservas en Briansk que abastece al Ejército ruso.
¿Qué significa esto? Que la guerra energética está más viva que nunca, incluso mientras se negocia en Washington. Ushakov fue más allá y responsabilizó a los socios europeos de Ucrania de dar a Kiev esa "valentía" para desobedecer a Trump. Por su parte, el Kremlin asegura que nada de esto romperá las posibles conversaciones de paz, y que sus refinerías ya han vuelto a funcionar.
El acuerdo entre Trump y Putin, anunciado a principios de mes, permite retomar los envíos de diésel ruso al menos hasta abril de 2027, con alivios temporales de sanciones. Washington, además, ha presionado a Zelenski limitándole incluso la entrega de armamento y tecnología. Todo ello a pocas semanas de las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre.
Para el ciudadano de a pie, la lectura es clara. Trump quiere bajar el precio del diésel para frenar la inflación, y ese dato pesa mucho en sectores como el transporte, la agricultura y la ganadería, que notan cada céntimo en el gasóleo. Si el combustible sube, sube el transporte de mercancías, y con él la cesta de la compra. Por eso esta noticia no es solo geopolítica: tiene que ver con lo que pagas en el supermercado y en la gasolinera.
Lo que pasa ahora dependerá de si Washington endurece la presión sobre Kiev o si el acuerdo energético se tambalea por los ataques. Mientras tanto, quien trabaja en el transporte o el campo debería seguir de cerca la evolución de los precios del diésel y las medidas que anuncie el gobierno estadounidense. Y todos, en general, conviene estar atentos a cómo estos movimientos internacionales se traducen en la factura de casa.