En una muestra de humildad y cercanía, el Papa ha presidido una masiva misa en Dili, la capital de Timor Oriental, congregando a más de 600.000 personas, casi la mitad de la población del país. Durante la ceremonia, enfatizó la importancia de la humildad y la entrega para alcanzar la grandeza divina y los milagros que esta conlleva.
En sus palabras en la explanada de Taci Tolu, el Sumo Pontífice instó a los presentes a no temer a hacerse pequeños ante Dios y ante los demás, a sacrificar sus propios planes para ayudar a sus semejantes a ser mejores y más felices, y a ser generosos en la entrega de sí mismos con total desinterés.
A lo largo de la jornada, el Papa visitó a niños con discapacidades graves y se reunió con líderes religiosos locales, reflexionando sobre la historia de Jerusalén y el llamado a la conversión, misericordia y sanación en un mundo marcado por la desigualdad y la opresión.
Destacando la figura de un niño como símbolo de esperanza y renacimiento, el Papa señaló que la llegada de un nuevo ser humano al mundo es motivo de regocijo y fe renovada, capaz de tocar los corazones más endurecidos y volver a encender la llama de la solidaridad y la paz.
En un país con un alto porcentaje de población joven, el Papa elogió la actitud acogedora y sencilla de Timor Oriental, donde la juventud es vista como un signo de apertura a la acción divina y a la construcción de un futuro más justo y equitativo para todos.
El Gobierno de Timor Oriental, en un gesto de deferencia hacia la importancia de la visita papal, otorgó tres días de descanso laboral y escolar para que sus habitantes pudieran participar activamente en las diferentes actividades programadas con el Papa Francisco, reafirmando así el profundo impacto y la relevancia de la presencia papal en la región.
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