En la actualidad, el tratamiento informativo de tragedias que involucran pérdidas humanas, como los recientes desastres ferroviarios en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona), debe estar marcado por el respeto a las víctimas y su dignidad. Esta es la opinión de Begoña Gómez Nieto, directora del Máster en Comunicación Corporativa de UNIR, quien enfatiza la importancia de adoptar un enfoque sensible en estas situaciones.
Gómez Nieto destaca que uno de los aspectos más cruciales en momentos de crisis es la necesidad de ser cautelosos y veraces a la hora de difundir información. “A menudo hay una prisa por ser el primero en informar, lo que puede llevar a la difusión de datos sin confirmación suficiente", advierte. Resalta que un error en estos instantes puede incrementar la confusión y angustia entre la población.
Para asegurar que la precisión predomine ante la presión del tiempo, la especialista sugiere siempre verificar los hechos y evitar cualquier tipo de sensacionalismo. "Esto no solo es una cuestión ética, sino que también es fundamental para entender realmente lo sucedido", subraya.
La responsable del Máster enfatiza que la labor periodística conlleva una gran responsabilidad social, teniendo en cuenta las posibles repercusiones de la información transmitida. "Es fundamental que el respeto hacia las personas afectadas guíe el discurso mediático", sostiene.
Cuando se le pregunta sobre los límites que los medios deben observar al informar sobre incidentes con víctimas mortales, Gómez Nieto pone énfasis en el "respeto" hacia los afectados. "Son lo prioritario en estas circunstancias", afirma.
La periodista opina que se debe evitar la publicación de información no verificada y el sensacionalismo innecesario, que a menudo parece atraer más atención. "No es adecuado jugar con tales asuntos; estamos tratando con algo muy serio. Ser transparentes y responsables fomentará la credibilidad en estos momentos de incertidumbre", manifiesta.
En cuanto al uso de redes sociales, aconseja priorizar la brevedad y la responsabilidad de los mensajes, evitando la difusión de rumores o información no contrastada. "Es crucial contextualizar la información, y la colaboración entre medios y fuentes oficiales puede mejorar la coherencia en la narrativa", agrega, recordando que reconocer las incertidumbres también puede ayudar a generar confianza entre los ciudadanos.
Sobre el dilema de publicar imágenes impactantes de tragedias, sostiene que las decisiones deben basarse en criterios éticos más que únicamente informativos. La protección de la dignidad humana, especialmente la de los menores, es un aspecto fundamental. Además, hace hincapié en la necesidad de considerar si la difusión de tales imágenes podría influir negativamente en investigaciones legales o judiciales. “La prudencia y la responsabilidad profesional son siempre primordiales”, sostiene.
En relación a la inteligencia artificial y su potencial en la cobertura de crisis, Gómez Nieto menciona que esta tecnología puede facilitar el análisis de grandes volúmenes de información y el monitoreo de redes sociales, ayudando a detectar desinformación. Sin embargo, también advierte sobre los riesgos asociados, como la pérdida de credibilidad debida a tecnologías como deepfakes, que son difíciles de identificar. "La IA debe servir como una herramienta complementaria, no como un sustituto del criterio periodístico", señala.
Finalmente, considera que aún hay un camino por recorrer para que los equipos de redacción y comunicación estén completamente equipados para manejar los riesgos de la IA en situaciones de emergencia. Sugiere que se necesiten protocolos claros para abordar crisis tecnológicas y que esta tarea no debe recaer solo en los medios, sino que requiere la colaboración de periodistas, comunicadores y expertos legales bajo la supervisión de profesionales capacitados.
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