Netanyahu aguanta y Eisenkot no suma: los árabe-israelíes, la llave del poder en Israel
Netanyahu no alcanza los 61 escaños y los partidos árabe-israelíes, con 16, son clave. Participación récord del 77,7%. Qué pasa ahora.
Israel se queda sin primer ministro claro tras las elecciones. Netanyahu aguanta, pero no llega a los 61 escaños necesarios, y los partidos árabe-israelíes, con 16 escaños, pasan a ser la pieza decisiva.
Con el 57% del escrutinio, el Likud sumaría 27 escaños y el partido de Gadi Eisenkot, Yashar, 21. La coalición actual se queda en 55 y el bloque del cambio en 49. Son cifras muy ajustadas, y el recuento aún no está cerrado: faltan los votos de soldados, militares y sanitarios, unos 600.000 papeletas.
Lo que más llama la atención es la participación. Ha llegado al 77,7%, y en la comunidad árabe ha superado incluso la media nacional. Tras caer al 53% en 2022, esta vez han acudido en masa, pese a las críticas y amenazas del Gobierno. Es un cambio de tendencia que nadie puede ignorar.
¿Y qué significa esto para la gente de a pie? Un país en tensión, con una guerra en Gaza todavía reciente y un Gobierno en funciones que puede marcar la agenda de seguridad mientras se negocia. Las decisiones que se tomen en Jerusalén afectan a la economía, a los precios de la energía y al clima de inestabilidad en toda la región, también en Europa.
Netanyahu ha reivindicado la victoria de su bloque y ha advertido contra cualquier gobierno que dependa de los partidos árabes. Eisenkot, por su parte, ha pedido al primer ministro en funciones que no use la seguridad del país para fines políticos. Dos discursos enfrentados que dibujan un escenario complicado.
Ahora todo depende de las negociaciones. El presidente Isaac Herzog decidirá a quién encarga formar Gobierno, y los partidos árabes tienen en sus manos la mayoría: Mansur Abbas ya ha dado a entender que está abierto a hablar con ambos bloques, y la Lista Conjunta, más firme, se ha mostrado dispuesta a un apoyo desde fuera. Lo que se acuerde en las próximas semanas marcará el rumbo del país durante años. Conviene seguir el recuento final y las consultas de Herzog, porque ahí se decidirá quién gobierna.