Una película de Valladolid revela cómo un hombre corriente se unió al fascismo por ambición
Una película de Valladolid cuenta cómo un hombre corriente se unió al régimen de Vichy por ambición. Su mensaje sobre el nacionalismo nos toca a todos.
Un hombre corriente, con esposa e hijos, dejó París para unirse al régimen de Vichy por puro interés. Esa es la historia que cuenta 'Un hombre de nuestro tiempo', el nuevo largometraje del cineasta francés Emmanuel Marre, presentado en la Seminci de Valladolid, donde compite por la Espiga de Oro.
La película se basa en la vida real de su bisabuelo, Henri Marre, un ingeniero oportunista que en septiembre de 1940 se marchó a Vichy, entusiasmado con el mariscal Pétain. Llevaba consigo decenas de ejemplares de un libro autopublicado, 'Notre salut', con una supuesta fórmula para salvar a Francia de la crisis. Su plan era abrirse camino en el régimen colaboracionista con los nazis.
Lo que cuenta el filme no es una historia lejana. Marre consiguió un puesto en las oficinas de empleo, donde los burócratas hablaban de decisiones que parecían intrascendentes, pero que en realidad preparaban redadas contra los judíos. A todo eso lo llamaban 'reubicaciones colectivas'. Según el director, el régimen creó además un sistema de campos de trabajo forzado para extranjeros, sin presión alguna de los alemanes.
Marre explica que el origen del proyecto fue una caja con cartas de guerra que su tía le enseñó hace unos catorce años. Al investigarlas en archivos nacionales y regionales, descubrió que en las escuelas francesas no se enseña bien qué fue la administración de Vichy. Ese hallazgo le impactó tanto que decidió llevarlo a la pantalla.
El director también lanza una advertencia política que va más allá de la historia. Según él, el nacionalismo funciona como una técnica para manipular a las masas y empujarlas hacia el autoritarismo, algo que beneficia a las fuerzas económicas. Y afirma que hoy los nacionalistas reciben más apoyo de los multimillonarios. Son opiniones de Marre, y conviene leerlas como tales, pero invitan a mirar con atención quién financia qué discurso.
Para el ciudadano de a pie, la lección es sencilla: las ideas autoritarias rara vez llegan con monstruos a la vista. Llegan con promesas de orden, de salvación y de prosperidad, y muchas personas corrientes, por miedo o por ambición, terminan prestándoles su apoyo. Por eso importa aprender a distinguir entre un discurso que promete salvarnos y uno que de verdad protege derechos.
Qué puede pasar ahora es que la película llegue a más salas y genere debate en colegios, familias y redes sociales. Lo que cada cual puede hacer es ver el filme, contrastar la historia con fuentes históricas y preguntarse, cuando escuche un discurso político de salvación nacional, quién gana realmente con ello. La memoria es la mejor vacuna contra la manipulación.