Así cambia la vida de un leñador argentino cuando la austeridad de Milei llama a su puerta
Lisandro Alonso retrata cómo los recortes sanitarios de Milei llegan hasta un leñador aislado en la Pampa. Así cambia la vida del cuidado familiar.
Un hombre que lleva años viviendo solo en el monte pampeano ve cómo los recortes sanitarios de otro país le cambian la vida de golpe. Así arranca 'La libertad doble', la nueva película de Lisandro Alonso, que se presentó en la Seminci de Valladolid.
La historia retoma a Misael, el leñador solitario que el cineasta ya retrató hace veinticinco años en 'La libertad'. Ahora el personaje tiene más años, el cuerpo le pasa factura y ha tenido que cambiar el hacha por una motosierra para seguir trabajando la madera.
El gran giro llega cuando su hermana Micaela, interpretada por Catalina Saavedra, sale de un centro psiquiátrico tras los recortes en sanidad impulsados por el Gobierno de Javier Milei. De repente, un hombre que había construido su vida al margen de todo tiene que hacerse cargo de alguien que lo necesita.
Lo que plantea la película va más allá de Argentina. Aunque alguien viva alejado de las ciudades, de la gente y del ruido, las decisiones políticas tomadas muy lejos pueden acabar golpeando su puerta. Un recorte presupuestario en un hospital se traduce en una persona que vuelve a casa sin el apoyo que necesitaba.
Alonso cuenta todo esto con su mirada pausada, filmada en 35mm, que se fija en los gestos pequeños: el trabajo con la madera, las tareas de la casa, el paisaje. No busca el drama de manual. Muestra las tensiones de la convivencia y lo que cuesta cuidar a alguien con problemas de salud mental.
Para el ciudadano de a pie, la lección es clara: la independencia no siempre se puede mantener sola. Cuando los servicios públicos de salud mental se debilitan, la carga cae sobre las familias, y muchas veces sobre una sola persona que no estaba preparada para ello.
¿Qué puede pasar ahora? La película deja la historia abierta, pero el mensaje para quienes viven situaciones parecidas es que no están solos en el problema. Conviene conocer los recursos de apoyo disponibles, exigir a las administraciones que mantengan la atención a la salud mental y no normalizar que las familias asuman por su cuenta lo que debería cubrir el sistema.